Amundsen.100 años de su conquista del polo sur.

El polo Sur es un lugar solitario. En todas direcciones se dilata un escenario de absoluta desolación, una extensión plana de hielo y nieve barrida por los vientos, cegadoramente blanca bajo el claro verano del Ártico, envuelta en sombra impenetrable durante la larga noche antártico. Repelente. Inhóspita. Y desafiante.
Entrada ya la tarde del 14 de diciembre de 1911, el silencio absoluto del extremo meridional del eje terrestre fue roto por vez primera por el sonido de voces humanas. Donde el hombre no había puesto jamás su planta, Roald Amundsen y sus cuatro compañeros noruegos se felicitaban mutuamente. Eran los primeros en llegar al polo Sur.file:

Constituía éste uno de los grandes logros en la historia de las exploraciones. No obstante, la reacción de Amundsen fue mesurada. “La meta había sido alcanzada, se había llegado al término del viaje”, escribiría más tarde. “No puedo decir, aunque sé que sonaría mucho mejor, que hubiera alcanzado el objeto de mi vida. Sería novelar demasiado descaradamente. Más me valdrá ser honesto y aceptar con sencillez que no he sabido nunca de un hombre que se encontrara en una posición tan diametralmente opuesta al objeto de sus deseos como yo en aquel momento. Los alrededores del polo Norte -el polo mismo, digamos de una vez- me habían atraído desde la infancia, y allí estaba yo, en el polo Sur. ¿Puede imaginarse mayor desatino?”

Estas reflexiones eran los pensamientos de un hombre de firme voluntad, que no veía la vida como una aventura sino como muchas. Según él mismo admitía, no había llegado a explorador por casualidad. “Mi carrera”, explicó una vez, “ha sido una marcha continua hacia una meta definida desde que tenía quince años. Todo lo que he realizado … ha sido fruto de una vida de planeación, de cuidadosa preparación y de trabajo concienzudo y duro.”
La chispa de la ambición de Amundsen se encendió cuando, de muchacho, leyó una narración del gran explorador ártico inglés sir Johil Franklin, que halló tremendas dificultades en su infructuosa búsqueda del paso del Noroeste. Aquel relato de valentía ante la adversidad, decía Amundsen, “me emocionaba más que todo lo que había leído hasta entonces”.

Un mes de ventaja 

El 7 de diciembre, el grupo superaría el punto más sur al que llegó la expedición del irlandés Ernest Henry Shackleton, otro de los grandes exploradores del continente helado. Acelerando el paso, Amundsen conseguía su objetivo el 14 de diciembre, al izar la bandera noruega en el Polo Sur. Allí levantó el campamento Polheim. Antes de volver, por si morían en el camino, dejaron una tienda de campaña en el lugar con un mensaje en el que daban cuenta del hito conseguido a la expedición de Scott, que llegó tan sólo 34 días más tarde.
Regresaron por el mismo camino, llegando casi sin provisiones a Carnicería, donde pudieron reabastecerse de carne de perro. El 25 de enero de 1912 eran recibidos como héroes en Framheim. Sin embargo, hasta el 7 de marzo, cuando llegaron a Australia, no pudieron comunicar al mundo su proeza.
Hoy, cuando se cumple un siglo desde que este explorador noruego conquistó el Polo Sur, la Antártida es un territorio sumamente protegido. Su frágil ecosistema sirve a los científicos de todo el mundo, incluidos españoles, para determinar y pronosticar el deterioro al que está sometido el planeta azul y las consecuencias que ello tendrá para las generaciones venideras.

 

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