Una batalla ganada por las mujeres y el dialogo.

El secuestro de las sabinas-7El secuestro de las sabinas.

Según la leyenda, en la Roma de los primeros tiempos había muy pocas mujeres. Para solucionar esto, Rómulo, su fundador y primer rey, organizó unas pruebas deportivas en honor del diosNeptuno a las que invitó a los pueblos vecinos. Acudieron varios de ellos, pero los de una población, la Sabinia, fueron especialmente voluntariosos y acudieron a Roma con sus mujeres e hijos y precedidos por su rey.

Comenzó el espectáculo de los juegos y, a una señal, cada romano raptó a una mujer, y luego echaron a los hombres. Los romanos intentaron aplacar a las mujeres convenciéndolas de que sólo lo hicieron porque querían que fuesen sus esposas, y que ellas no podían menos que sentirse orgullosas de pasar a formar parte de un pueblo que había sido elegido por los dioses. Las sabinas pusieron un requisito a la hora de contraer matrimonio: en el hogar ellas sólo se ocuparían del telar, sin verse obligadas a realizar otros trabajos domésticos, y se erigirían como las que gobernaban en la casa.

Los sabinos, enfadados por el doble ultraje de traición y de rapto de sus mujeres, atacaron a los romanos, a los que fueron acorralando en el Capitolio. Para lograr penetrar en esta zona, contaron con la traición de una sabina, Tarpeya, que les franqueó la entrada a cambio de aquello que llevasen en los brazos, refiriéndose a los brazaletes. Deplorando la traición de la mujer, aceptaron el trato, pero, en lugar de joyas, le presentaron sus pesados escudos, con los que la hicieron morir aplastada. La zona donde, según la leyenda, tuvo lugar tal asesinato, recibió el nombre de Roca Tarpeya, desde la que se arrojaba a los convictos de traición, al menos en tiempos primitivos.

Cuando se iban a enfrentar en lo que parecía ser la batalla final, las sabinas se interpusieron entre ambos combatientes para que dejasen de matarse porque, razonaron, si ganaban los romanos perdían a sus padres y hermanos, y si ganaban los sabinos perdían a sus maridos e hijos. Las sabinas lograron hacerlos entrar en razón y finalmente se celebró un banquete para festejar la reconciliación. El rey de Sabinia, Tito Tácio, y Rómulo formaron una diarquía en Roma hasta la muerte de Tito.

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El querer es poder, y la lucha de las mujeres por un puesto en la sociedad es ya una realidad.

Por todas aquellas que dieron su vida por un mismo derecho y que la lucha continúe para una igualdad total, en ese momento la sociedad estará sin deuda con las mujeres.

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